Hoy hice algo que hace mucho tiempo no hacía, y de una manera que nunca hice antes. Contra mis propios instintos, miré una película “cristiana”. Si, aquellas hechas por cristianos con mensajes cristianos destinada a ser usada para una cierta forma de evangelismo de doble mensaje: o venís a Dios por amor (las frases “Jesús te ama” o “Jesús ama al mundo” aparecen muchas veces en la película) o por miedo (porque Dios aparentemente está con la paciencia agotada y viene a castigar a todos los que no son, hum, cristianos según la definición de la película.
Me tengo que contener. En el pasado he sido culpable de juzgar con demasiada dureza formas de arte como esta película. Hoy me doy cuenta que mi ira, mi bronca van mucho más a la etiqueta colocada sobre la película que con la película en sí. Porque para ser más abierto, decidí mirar las 3 películas que forman la serie hasta el momento. Con seguridad hay más por venir…
La etiqueta a la que me refiero es justamente la etiqueta de “cristiana”. ¿Qué la hace “cristiana” a esta película? Bueno, diría alguien, es el mensaje. Bueno, diría yo, ¿y si yo no estoy de acuerdo con el mensaje en su totalidad, soy menos cristiano por eso? ¿Y si en mi entendimiento la película trae una revelación limitada (para ser gentil, podría usar la palabra “equivocada”) de quien es Dios? ¿Y si de mi punto de vista las personas que la hicieron o la pensaron lamentablemente terminaron transmitiendo mucho más religión que vida? Entonces no veo como muchas personas puedan percibir las buenas nuevas. ¿Es la película aún “cristiana”?
Podríamos argumentar que si los productores, los actores, en fin las personas que participaron del proyecto son cristianas entonces la película es cristiana. Pero entonces una torta hecha por una cocinera cristiana tendría que ser llamada de torta cristiana… A lo que voy es que “cristiano” es algo que describe a personas, pero como adjetivo es pobre y limitado para describir a categorías, a elementos, a cosas. Falla porque limita la verdad, porque transforma le esencia en maquillaje…
“Cristiano” fue una palabra primeramente usada para describir a los seguidores de Cristo, a aquellos que vivían una vida basada en imitar a Jesús. Su estilo de vida era tan radical, era de tal contra cultura que hubo que inventar una palabra para describirlos. Y la esencia de esa vida de radical obediencia a un Reino invisible que invadía todas las áreas de la sociedad a través de sus vidas era Cristo.
Para mí, ser cristiano es hacer todo con pasión, con entrega, con un deseo real por excelencia, porque somos llamados a hacer todo, sea de hechos o palabras, hacerlo todo en el nombre del Señor Jesús (Colosenses 3.17). Con esa conciencia, todo lo que hacemos es sagrado. Todo nuestro trabajo es sagrado. Todo lo que hacemos tiene consecuencias espirituales.
Por eso me molesta tanto la etiqueta de “cristiano”, porque limita nuestro entendimiento a respecto de la real dimensión de nuestro efecto en el mundo. Pasamos la vida pensando que lo que hacemos para Dios es apenas lo que hacemos dentro de una Iglesia o en un ministerio. Pensá por ejemplo en una maestra. Ella pasó años preparándose para enseñar, para transmitir conocimiento pero también valores a sus estudiantes. Ella piensa en cómo animar, como encorajar a los niños a que aprendan, a que crean en mismos, en que se animen a intentar cosas nuevas. Independientemente de lo ella crea, al hacer estas cosas ella está reflejando el deseo de Dios para nuestra vida. Ahora digamos que ella sea cristiana, y que no tiene el entendimiento de que todo lo que ella hace es espiritual, que todo lo que hace es sagrado. Le dijeron que debería usar ese entrenamiento y conocimiento dentro de la iglesia, digamos en la escuela dominical. Esa mujer puede pasar toda una vida creyendo que lo que hace de Lunes a Viernes es apenas trabajo, y que debe soportarlo, esperando por el día que termine esa obligación. Que apenas lo que hace los Domingos de mañana es para Dios y tiene consecuencias eternas. Esa persona pasará toda su vida limitada y presa por una forma de pensar que no refleja lo que la Biblia enseña o lo que Dios desea, siendo que podría pasar una vida de pasión al entender que ella va a tener el privilegio de afectar, de influenciar la vida de esos niños de manera eterna todos los días.
Podemos aplicar lo mismo a músicos, que piensan que solo cuando tocan en el grupo de alabanza están tocando “para Dios”. Y volviendo al ejemplo de los actores. ¿Por qué creemos que actuamos para Dios solo cuando lo hacemos en la Iglesia o en un evento de la Iglesia o cuando es algo evangelístico? Tendríamos que enviar a estos músicos, actores, abogados, periodistas, mecánicos, todos a influenciar sus áreas de trabajo con la vida de Cristo. ¿Qué tal sería hacer un culto de misiones donde en vez de enviar a misioneros a África o Australia enviaríamos a personas a influenciar sus lugares de estudio, de trabajo, de vida? Y no tendríamos que gastar con soporte… ¡mejor no hacer esta idea demasiado popular!
Lo que me incomoda más de la película no es la mala actuación, si bien que hemos mejorado en eso, aunque estemos lejos del padrón normal de excelencia esperado en una película “normal”. Ni tampoco la línea de la película, aunque es apenas otra repetición de algo que ya hicimos antes (cuantas películas más podemos hacer a respecto del arrebatamiento, de la persecución durante la tribulación, etc.…). Lo que realmente me molesta es la falla en comunicarnos. Aparentemente cuando una persona se convierte pierde toda la habilidad para comunicarse en un idioma normal y pasa a usar palabras que nadie más usa, y que inmediatamente lo identifican con lo peor del concepto de cristianos que tienen las personas. Me incomoda porque Jesús usaba conceptos normales, hablaba el idioma de la gente y usaba figuras de la vida normal de las personas para mostrar a Dios. Él mostraba lo sagrado en lo común, en lo diario, en lo ordinario. Al etiquetar áreas específicas y actividades específicas como cristianas, estamos diciendo automáticamente que todo lo demás no es cristiano, por lo tanto separando lo sagrado de lo secular y limitando a la verdad y a nuestra vida a apenas un poco de todo lo que Dios tiene para nosotros.
Y todos estos conceptos sin tocar la parte de cómo existe una industria que se alimenta de etiquetar a cosas para que los cristianos lo consuman sin pensar, sin discernir… ¿Pagar para ver un grupo de alabanza? ¿Cds o Dvds para evangelismo que cuestan más que los productos “normales”?
La verdad no está limitada a la Iglesia Cristiana. La verdad es la verdad de Dios y es mayor que cualquier iglesia o religión.
Y viene otro problema aún mayor, pues al etiquetar cosas o áreas o actividades, el paso siguiente es etiquetar a personas… pero eso queda para otro día…

¡Oro para que se pinchen más y más burbujas!
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