Tuesday, December 1, 2009

Pasión y Perseverancia

Recientemente alguien me recordó una historia muy interesante de Sir Winston Churchill. Cuenta que un día lo invitaron a Sir Winston a discursar delante de los estudiantes de la Universidad de Harvard. Churchill se presentó sin un discurso escrito. Todo su discurso, que debería demorar 10 minutos, tuvo apenas 3 palabras. La primer palabra fue dicha por 9 minutos, de diferentes maneras y con diferentes entonaciones. Esta palabra fue “nunca”. ¿Podés imaginar a aquellos estudiantes delante de uno de los mayores estadistas del Siglo XX y uno de los héroes de la Segunda Guerra Mundial, y todo lo que él dice es “nunca”?

Luego de 9 minutos, Churchill completó su discurso: “Nunca… te rindas.”

Fue aplaudido de pie por otros 10 minutos.

Me pregunto lo que hizo que aquel discurso fuera tan poderoso. Me pongo yo a decir “nunca” en cualquier lugar por más de un minuto y me bajan enseguida. Pero la vida de aquel hombre era en si la plataforma del discurso. Derrotado diversas veces en su carrera política, fue llamado a servir como Primer Ministro en una situación de Guerra y lideró a su país en los peores momentos de Gran Bretaña en la Segunda Guerra. Tuvo que enfrentar en el campo diplomático a fuerzas más poderosas, tuvo que forjar alianzas con fuerzas contrarias para garantizar la sobrevivencia de su pueblo, y en los momentos en que sería más fácil aceptar una derrota “honrosa”, le pidió a su pueble que resistiera. Y ellos lo hicieron. Y triunfaron.

Pasión por una causa. Perseverancia para resistir.

Visión para ver más allá de los momentos y las circunstancias. La fuerza interior para respirar hondo, aceptar el golpe, y volver a ponerse de pie.

“Nunca te rindas.”

Me acuerdo un poco de cómo fue empezar esto de ser misionero. Me acuerdo de llegar a la base de Curitiba y como buen uruguayo tener todas mis antenas de críticas prendidas. Veía los defectos, problemas, personas no muy cuerdas (varias)… y empecé a observar a los otros estudiantes. Los primeros que sobresalieron fueron los apasionados… pentecostales, ruidosos, sin ninguna timidez. Grandes planes y visiones y destinos e historias. En los tiempos de alabanza ellos eran la gente de la primera fila. Los que oraban más alto y tenían más revelaciones que una tienda Kodak.

Al fondo de la sala, con cara de miedo y pensando en cómo salir de la escuela sin parecer derrotados, los más tradicionales. Algunos habían oído hablar de aquellos seres, pero quizás era la primera vez que los veían. También con sus planes y sueños, pero más reticentes a revelarlos. Más “me gustaría hacer esto” que “Dios me dijo que hiciera esto”, si me entienden.

En el medio de la sala, yo y otros que como yo ya estábamos más acostumbrados a ver las 2 manifestaciones. Quizás los menos soñadores, quizás los más lastimados con eso de soñar y caer en tierra…

Pasó una semana. El más apasionado de los estudiantes se fue. Logró quebrar todas las reglas en menos de una semana. De pronto estar difícil de casa, de la novia, de la comida de mamá y de todo lo familiar era muy difícil. Aquella certeza arrolladora de destino y ministerio no estaban allí. El que entró gritando y zapateando (literalmente) se fue cabizbajo y quieto.

Poco a poco los grupos fueron mezclándose. Los más gritones se pusieron más quietos, los más quietos se soltaron, los del medio estábamos reconectando a los grupos y a nosotros mismos con una nueva realidad. Yo de a poco empecé a darme cuenta que por detrás de mi razón y de mis miedos había algo muy especial: pasión. Me costó un poco, algunos años en realidad, lograr definir y encausar esta pasión. Perseguí algunas actividades e intenté diversos medios para encontrar esta definición y una forma de ponerla en práctica.

Mi pasión es comunicarme. No mucho con una persona apenas, aún encuentro eso un tanto difícil. Pero comunicar un mensaje, una idea, una expresión… Por eso creo que me gustó tanto el tiempo que pasé con un ministerio de arte en Brasil. Al usar danza y teatro para comunicarme con audiencias me gustaba mucho más el efecto del mensaje que el medio que usaba. Poder llegar al corazón y a la mente de personas con un mensaje que cambia vidas fue y es algo muy especial

Cuando nos fuimos para Australia seguimos ese camino pero cada vez más me interesaba la parte de enseñar. Dar 10 horas de clases en nuestras escuelas, toda una semana de clases, es mi parte más gratificante de las tareas que tengo. Charlas con esos estudiantes, compartir experiencias, aprender con ellos… fascinante.

Pero durante mis años en misiones veía más y más a personas llegando a trabajar que me recordaban a mis compañeros gritones. Llenos de sueños, de proyectos, de ilusiones. Pero cuando sus sueños chocaban con la dura realidad que es misiones, de repente el fuego se apagaba y muchas veces moría. Algunos era capaces de ajustar sus sueños a la realidad, otros nunca se recuperaron y encontraron la salida más fácil: encontrar a algo o alguien para echar la culpa. El gobierno, la Iglesia, los padres, el diablo, Dios. Esos pasaban de ser misioneros llenos de sueños a personas que prácticamente no eran más cristianos. Otros encontraban una manera de protegerse: hablar del sueño, pero nunca dar los pasos prácticos para hacerlo realidad. Porque mientras es un sueño es perfecto. Casi como los padres que se enamoran de la idea de tener hijos, pero una vez enfrentados a la realidad de tener un hijo el castillo se les derrumba. Es fácil soñar con la fiesta del 1er año, con las fotos, con las sonrisas. Lo difícil es enfrentar el levantarse en las madrugadas, cambiarle los pañales (no una, pero a veces decenas de veces en un día…), amarlo cuando está llorando y no sabemos por qué. Algunas personas se enamorar tanto de sus proyectos que hacen todo para que sea siempre sueño… perfecto e intocado. E inútil.

Con el pasar del tiempo aprendí a apreciar a otro tipo de personas. Las constantes. No son los más ruidosos o apasionados, es verdad, y por eso a veces pasan desapercibidos. Pero están siempre allí. No aflojan en las difíciles. No se entusiasman demasiado en las fáciles. Y en los momentos que otros se apagan y se van, ellos… perseveran. Permanecen en el mismo rumbo a pesar de las dificultades y oposiciones. Saben recibir golpes. Saben insistir. Aprendieron a creer. Aprendieron a seguir creyendo.

Son confiables, son estables, son firmes. Claro que aún necesitan ayuda y ánimo, claro que hay que cuidarlos. Pero en los momentos que hasta los líderes encuentran dificultades para seguir, ellos generalmente son los que te afirman los brazos.

Necesitamos personas en el mundo que aprendan que nuestras pasiones, sin perseverancia, son fuego que quema rápido y no deja marcas. Necesitamos perseverantes que también aprendan a buscar sus pasiones y crean que vale la pena vivirlas. Cuando las dos cosas se encuentran, encontramos el tipo de fuego que cambia vidas, que cambia generaciones.

En un tiempo en la historia en que es tan fuerte la cultura de lo efímero, necesitamos personas comprometidas con durar toda la carrera. Personas que no se dejen llevar por corrientes o por desilusiones. Personas que sepan permanecer firmes aún cuando no son valoradas o reconocidas. Personas que crean en lo eterno de sus llamados y en lo rápido que esta vida pasa.

Pasión y perseverancia. Una mezcla poderosa. Una mezcla necesaria.

¿Estás pronto para comprometer toda tu vida por una causa?

¿Qué causa valdría no apenas el conjunto de tus años, pero cada minuto de tu vida?

Friday, November 20, 2009

Sentido

Alguien tendría que colocar un aviso antes de los informativos en la televisión en estos días. Algo que les dijera a las personas que probablemente van a experimentar una leve depresión a medida que reciba las noticias y principalmente si se pone a pensar en las causas y las consecuencias. Pero de vez en cuando, muy de vez en cuando, algunas noticias parecen ser un rayito de sol quebrando las nubes. Son momentos apenas, aparentemente muy chicos e insignificantes, pero sin embargo logran traer algunas sonrisas. Como ver a la selección uruguayo acertar 3 pases seguidos, estos pequeños momentos de esperanza hacen soñar con algo mejor, aunque improbable, para nuestro futuro.

Me pongo a pensar en que tienen en común estos momentos, y creo que encuentro un denominador común: personas que encontraron un sentido por el cual vivir que es mayor que ellas mismas y afecta al mundo a su alrededor. Son dos elementos poderosos por si mismos, pero con el potencial de ser un tanto vacíos si están solos. Alguien puede encontrar algo, una causa digamos, por la cual vivir que es mayor que ellas mismas, pero si esa causa no afecta a otros, se pierde en una nube de auto satisfacción. Pienso por ejemplo en eremitas, en los hombres santos hindúes, en los santos de monasterios, en los gurúes de montaña. Aparentemente tan elevados, tan iluminados dirían algunos, que se alejan tanto de la realidad a su alrededor que pierden en justamente lo que buscaban: relevancia. A su alrededor las personas viven y mueren en ignorancia y pobreza pero ellos están solos en su elevada posición. No es de sorprender que estos elementos proliferan tanto en los lugares de mayor necesidad en el mundo y en la historia.

Otras personas buscan afectar al mundo a su alrededor y buscan ayudar. Pero si la causa por detrás no es algo mayor que ellos mismos generalmente su trabajo o su influencia terminan con su muerte o hasta con su desinterés en continuar. Proyectos basados en deseos personales de cambiar al mundo, o basados en los principios elementales del humanismo han probado caer delante de la prueba del tiempo. Los intentos de hacer revolución por el hombre mismo sin algo mayor que esta vida, que esta existencia, terminan en desilusión, decepción y desesperanza.

Pero cuando combinamos estos elementos, algo poderoso sucede. Cuando alguien encuentra una causa que va más allá de esta vida, de este mundo, y logra darle cauce a la pasión que nace de ese encuentro en algo que sacude al mundo a su alrededor, vemos nacer algo que es capaz de inspirar, de movilizar, de durar delante de pruebas y del tiempo. Santidad, iluminación, pasión que es empapada en realidad. En personas reales viviendo en momentos reales afectando a su mundo con algo que parece… irreal, eterno, infinito.

Una de las experiencias más excitantes de poder viajar por el mundo y conocer diferentes lugares y personas es justamente encontrar a personas que se dedican por causas en las que creen. Me fascina ver la pasión que estas personas tienen y las elecciones que hacen basadas en sus creencias. Puede parecer hasta cómico a veces, pero cuando me encuentro con un vegetariano que logra darle sentido a su elección de vida, me siento a escucharlos. Tiene que ser más que “lo hago porque es bueno para mi piel”, por ejemplo. Algunos realmente creen que viviendo así están trayendo un cambio positivo al mundo. Y realmente creo que lo hacen. Su puede discutir si su esfuerzo tiene algún significado en el conjunto de las grandes cosas, pero las revoluciones más significantes generalmente empiezan con personas que luchan contra las posibilidades y probabilidades.

Personas que dedican su tiempo libre a construir casas para que alguien tenga donde vivir. Personas que buscan que todos tengan el alimento para vivir dignamente. Personas que buscan empleos para que familias enteras puedan sobrevivir. Personas que traen alivio al dolor y luchan por encontrar curas para las enfermedades de los demás. Y cuantas otras causas podemos citar que inspiran, que dan sentido al trabajo y a la lucha. Causas que muchas veces reflejan más el carácter de Dios que las cosas que cristianos hacen, simplemente porque al final esperan que estas personas se unan a sus Iglesias. Porque cuando hacemos algo con intenciones escondidas, no es basado en amor. El amor no busca lo suyo.

¿Será que esas personas saben que en lo profundo de su ser y de sus convicciones está la semilla del carácter de Dios? Un Dios que no se conforma con la injusticia, con la falta de misericordia, con el hambre o las muertes sin sentido. Un Dios que nos pide que todo lo que hagamos sea amar la misericordia, hacer justicia y andar humildemente con Él.

¿Será que la mejor manera de compartir las buenas nuevas con estas personas no sería decirles justamente eso? En vez que intentar convencerlos intelectualmente de sus errores o de intentar manipularlos emocionalmente con condenación y juicio, decirles apenas que sus corazones están muy cerca del corazón del mismo Dios. Y dejar que sea la bondad de Dios que los lleve al arrepentimiento de lo que sea que ellos tienen que arrepentirse…

Su pasión por combatir un sistema que está viciado en errores es inspirante. Su convicción de que hay algo mal con todo el sistema es algo increíblemente… bíblico. Por eso me asusta tanto cuando veo a cristianos, personas que en teoría tienen los 2 elementos como algo básico en sus vidas y convicciones – encontraron a un Dios que les dio una razón para vivir mucho mayor que sus vidas y que los llama a afectar al mundo a su alrededor a través de esa nueva vida centrada en ser como Jesús.

¿Por qué nos acomodamos a este sistema? ¿Por qué permitimos que haya un sistema que nos explote usando la etiqueta de cristiano? ¿Por qué parecemos tan incapaces de sacrificarnos para mantener nuestra causa pura? Política dentro de Iglesias (en el sentido de conseguir puestos, liderazgo, influencia dentro de la Iglesia, no de la Iglesia influenciando en el área de la política), marketing en Iglesias (¿qué tal una campaña con promesas como “en el mundo tendréis aflicciones”?), productos “exclusivos para cristianos”, shows de alabanza…

Tengo amigos que no dejarían sus principios por nada. Amigos que no comerían un asado aunque les salvara la vida. Amigos que dan mucho más de su dinero que el 10% porque creen en su causa. Amigos que no compran ropa de cuero. Amigos que no compran muebles si no pueden confirmar el origen de la madera. Amigos que lloran de indignación por la situación del mundo…

Tengo amigos que hacen todo eso y más porque creen en un Dios que se interesa por este mundo, por las personas, por la naturaleza que creó. Tengo amigos que dan su vida en la selva, en orfanatos, en campos de refugiados, en la recuperación de adictos, de prostitutas, de niños soldados…

Causas por las cuales vivir no faltan. Batallas dignas de entregar nuestras fuerzas no faltan. Personas necesitadas de nuestra ayuda no faltan.

Pero sobra comodidad. Sobran opciones.

Es más fácil aceptar al sistema y la diversión que trae. Es más fácil aceptar las facilidades. Pero al hacer eso algo muere dentro de nosotros. Algo precioso, algo único, algo santo.

¿Ir con el sistema o ir en la contra mano del sistema? ¿Facilidad o sacrificio? ¿Comodidad o revolución?

Un mundo entero espera nuestra respuesta.

Nuestra generación espera nuestra respuesta.

Un Dios santo espera nuestra respuesta.

Wednesday, October 28, 2009

Etiquetas

Hoy hice algo que hace mucho tiempo no hacía, y de una manera que nunca hice antes. Contra mis propios instintos, miré una película “cristiana”. Si, aquellas hechas por cristianos con mensajes cristianos destinada a ser usada para una cierta forma de evangelismo de doble mensaje: o venís a Dios por amor (las frases “Jesús te ama” o “Jesús ama al mundo” aparecen muchas veces en la película) o por miedo (porque Dios aparentemente está con la paciencia agotada y viene a castigar a todos los que no son, hum, cristianos según la definición de la película.

Me tengo que contener. En el pasado he sido culpable de juzgar con demasiada dureza formas de arte como esta película. Hoy me doy cuenta que mi ira, mi bronca van mucho más a la etiqueta colocada sobre la película que con la película en sí. Porque para ser más abierto, decidí mirar las 3 películas que forman la serie hasta el momento. Con seguridad hay más por venir…

La etiqueta a la que me refiero es justamente la etiqueta de “cristiana”. ¿Qué la hace “cristiana” a esta película? Bueno, diría alguien, es el mensaje. Bueno, diría yo, ¿y si yo no estoy de acuerdo con el mensaje en su totalidad, soy menos cristiano por eso? ¿Y si en mi entendimiento la película trae una revelación limitada (para ser gentil, podría usar la palabra “equivocada”) de quien es Dios? ¿Y si de mi punto de vista las personas que la hicieron o la pensaron lamentablemente terminaron transmitiendo mucho más religión que vida? Entonces no veo como muchas personas puedan percibir las buenas nuevas. ¿Es la película aún “cristiana”?

Podríamos argumentar que si los productores, los actores, en fin las personas que participaron del proyecto son cristianas entonces la película es cristiana. Pero entonces una torta hecha por una cocinera cristiana tendría que ser llamada de torta cristiana… A lo que voy es que “cristiano” es algo que describe a personas, pero como adjetivo es pobre y limitado para describir a categorías, a elementos, a cosas. Falla porque limita la verdad, porque transforma le esencia en maquillaje…

“Cristiano” fue una palabra primeramente usada para describir a los seguidores de Cristo, a aquellos que vivían una vida basada en imitar a Jesús. Su estilo de vida era tan radical, era de tal contra cultura que hubo que inventar una palabra para describirlos. Y la esencia de esa vida de radical obediencia a un Reino invisible que invadía todas las áreas de la sociedad a través de sus vidas era Cristo.

Para mí, ser cristiano es hacer todo con pasión, con entrega, con un deseo real por excelencia, porque somos llamados a hacer todo, sea de hechos o palabras, hacerlo todo en el nombre del Señor Jesús (Colosenses 3.17). Con esa conciencia, todo lo que hacemos es sagrado. Todo nuestro trabajo es sagrado. Todo lo que hacemos tiene consecuencias espirituales.

Por eso me molesta tanto la etiqueta de “cristiano”, porque limita nuestro entendimiento a respecto de la real dimensión de nuestro efecto en el mundo. Pasamos la vida pensando que lo que hacemos para Dios es apenas lo que hacemos dentro de una Iglesia o en un ministerio. Pensá por ejemplo en una maestra. Ella pasó años preparándose para enseñar, para transmitir conocimiento pero también valores a sus estudiantes. Ella piensa en cómo animar, como encorajar a los niños a que aprendan, a que crean en mismos, en que se animen a intentar cosas nuevas. Independientemente de lo ella crea, al hacer estas cosas ella está reflejando el deseo de Dios para nuestra vida. Ahora digamos que ella sea cristiana, y que no tiene el entendimiento de que todo lo que ella hace es espiritual, que todo lo que hace es sagrado. Le dijeron que debería usar ese entrenamiento y conocimiento dentro de la iglesia, digamos en la escuela dominical. Esa mujer puede pasar toda una vida creyendo que lo que hace de Lunes a Viernes es apenas trabajo, y que debe soportarlo, esperando por el día que termine esa obligación. Que apenas lo que hace los Domingos de mañana es para Dios y tiene consecuencias eternas. Esa persona pasará toda su vida limitada y presa por una forma de pensar que no refleja lo que la Biblia enseña o lo que Dios desea, siendo que podría pasar una vida de pasión al entender que ella va a tener el privilegio de afectar, de influenciar la vida de esos niños de manera eterna todos los días.

Podemos aplicar lo mismo a músicos, que piensan que solo cuando tocan en el grupo de alabanza están tocando “para Dios”. Y volviendo al ejemplo de los actores. ¿Por qué creemos que actuamos para Dios solo cuando lo hacemos en la Iglesia o en un evento de la Iglesia o cuando es algo evangelístico? Tendríamos que enviar a estos músicos, actores, abogados, periodistas, mecánicos, todos a influenciar sus áreas de trabajo con la vida de Cristo. ¿Qué tal sería hacer un culto de misiones donde en vez de enviar a misioneros a África o Australia enviaríamos a personas a influenciar sus lugares de estudio, de trabajo, de vida? Y no tendríamos que gastar con soporte… ¡mejor no hacer esta idea demasiado popular!

Lo que me incomoda más de la película no es la mala actuación, si bien que hemos mejorado en eso, aunque estemos lejos del padrón normal de excelencia esperado en una película “normal”. Ni tampoco la línea de la película, aunque es apenas otra repetición de algo que ya hicimos antes (cuantas películas más podemos hacer a respecto del arrebatamiento, de la persecución durante la tribulación, etc.…). Lo que realmente me molesta es la falla en comunicarnos. Aparentemente cuando una persona se convierte pierde toda la habilidad para comunicarse en un idioma normal y pasa a usar palabras que nadie más usa, y que inmediatamente lo identifican con lo peor del concepto de cristianos que tienen las personas. Me incomoda porque Jesús usaba conceptos normales, hablaba el idioma de la gente y usaba figuras de la vida normal de las personas para mostrar a Dios. Él mostraba lo sagrado en lo común, en lo diario, en lo ordinario. Al etiquetar áreas específicas y actividades específicas como cristianas, estamos diciendo automáticamente que todo lo demás no es cristiano, por lo tanto separando lo sagrado de lo secular y limitando a la verdad y a nuestra vida a apenas un poco de todo lo que Dios tiene para nosotros.

Y todos estos conceptos sin tocar la parte de cómo existe una industria que se alimenta de etiquetar a cosas para que los cristianos lo consuman sin pensar, sin discernir… ¿Pagar para ver un grupo de alabanza? ¿Cds o Dvds para evangelismo que cuestan más que los productos “normales”?

La verdad no está limitada a la Iglesia Cristiana. La verdad es la verdad de Dios y es mayor que cualquier iglesia o religión.

Y viene otro problema aún mayor, pues al etiquetar cosas o áreas o actividades, el paso siguiente es etiquetar a personas… pero eso queda para otro día…

Wednesday, October 21, 2009

Preguntas

¿De dónde venimos y a donde vamos? ¿Quién soy? Debe haber pocas preguntas más básicas a respecto de la vida que éstas. Preguntas que se encuentran en todas las épocas y en todas las culturas, generación tras generación buscando por respuestas. Respuestas a respecto de las verdades más profundas que un ser humano puede buscar.

Mi experiencia luchando, peleando con estas preguntas y las respuestas que encuentro, son que generalmente las verdades que responden a estas preguntas me llevan a más… preguntas. Las respuestas consuelan e inspiran y entusiasman y calman, pero traen más preguntas. Lo que hace que el proceso sea a veces frustrante, pero generalmente… vivo.

Lo que más me frustra es encontrar tantas respuestas hechas que no llegan a raspar la superficie de lo que vida significa pero que acaban siendo aceptadas como la verdad final. “Fuimos creados para esto, y tá!””Nuestro propósito es esta. Punto.” Como si cuestionar estas respuestas fuera prohibido o … pecado. Como si todo lo que pudiéramos hacer es aprender esas respuestas, consentir intelectualmente y básicamente conformarnos con esas respuestas. (Uso conformado aquí con las dos acepciones de la palabra, tanto la de contentarnos con eso y pronto, como la de tomar la forma de algo). Y de cierta manera esas respuestas se tornan centrales a cierta filosofía o teología y aquellas personas que osan cuestionar si eso es todo parecen ser rebeldes, herejes…

“Apagá el cerebro, prendé el grabador.” ¿Puede ser eso lo que Dios tenía en mente cuando nos creó como seres pensantes y dejó esas preguntas gravadas en nuestro corazón como guías para llevarnos adelante?

Algo en mí dice que no.

Cuando me defino como cristiano lo que estoy diciendo, básicamente, es que creo que la forma de vivir la vida que enseño un maestro (rabí) judío del siglo primero es la mejor forma de vivir, porque nos aproxima de la realidad como nada más puede hacerlo. Creo que su deseo de salvarme no es el final de su obra (“uy, zafamos… y ahora qué?) pero parte de un proceso en el cuál Dios quiere verme vivo… realmente vivo. En sincronía con Él y con el mundo que Él creó, y con las personas que viven en este mundo. Su deseo por mí no es apenas salvarme del infierno, sea cual sea el concepto que tengas de infierno, y de llevarme al cielo, nuevamente cualquiera sea el concepto de cielo que tengas. Dios quiere verme ser todo lo que él me creó para ser y experimentar esta vida con todo lo él tenía en mente al crear todo e incluirme a mí.

Y creo que no hay forma de conocer esa vida si no hacemos preguntas, y si no nos comprometemos a vivir las respuestas que encontramos, por simples que puedan ser.

No es conformarme con las respuestas hechas, prontas, de microondas… ni tampoco esperar el saber todo para vivir, ni creer que el conocer es el propósito. Saber de la vida, y vivir la vida son conceptos diferentes…hablar sobre cómo vivir la vida y vivir la vida son conceptos diferentes…

Mi compromiso como cristiano es entonces vivir esta vida con pasión, con toda mi fuerza, con toda mi gana, buscando encontrar respuestas que me lleven más profundamente a entender cómo vivir esta vida y entonces vivirla más profundamente con pasión, con toda mi fuerza, con toda mi gana…

¿Cuáles son las preguntas que te mueven….?

Tuesday, October 20, 2009

Desde lejos...

¿Por qué escribir un blog? Es una pregunta interesante sin una respuesta simple, ya que preguntas no faltaron en el proceso de decidir hacerlo. Y un buen rato de ese proceso fue el descarte de razones narcisistas para justificar escribir ideas, pensamientos, sentimientos, dudas, sucesos… y de decidir hacerlo con nombre, sin anonimatos, cada vez más seductores en esto de decir cosas y no tener que arcar con consecuencias.

La razón que al final venció sobre mis dudas y mis miedos y los muy probables problemas, fue que quiero comunicarme con familia, con amigos, con personas a las que conocí en estos últimos años y que están en mi país, en mi Uruguay, al que extraño y sigo queriendo (a pesar de todo..) y del cual estoy tan lejos. Para ustedes, mi familia, mi familia espiritual de la ICR, para los muchos jóvenes con los cuales tuve contacto en estos últimos viajes y que tanto me inspiraron a buscar verdades profundas, eternas, pero simples y reales, a ustedes les dedico estos pensamientos, ensayos, recuerdos…

Para que al final nos acordemos de Aquel que hace que todo esto tenga sentido y que la lucha sea digna. Al Dios que nos dio un cerebro y sentido común, al Dios que nos invita a sentarnos, pensar, razonar y tomar decisiones… por Él y para Él.

Espero encontrarte muchas veces, y espero tus respuestas.

¡Que Dios te bendiga!

Gus